Volver a "de sentido común"

De sentido común: el sentido del olfato  

El sentido común es como el sentido del gusto o del olfato, gracias a ellos podemos disfrutar mejor de lo apetecible y saber distinguir lo que es bueno o nocivo  sin necesidad de demasiado  análisis.

Así el sentido común  nos da la capacidad, en el obrar propio o ajeno,  de distinguir  lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso, lo conveniente e inconveniente y gustar de aquello que nos resulta saludable, sin necesidad de analizarlo demasiado racionalmente o de comprobarlo científicamente; esto le da simplicidad y certeza a la vida de todos los días. El sentido común, como sucede con otros sentidos corporales,  no se adquiere por el estudio o es un arte difícil de aprender..., supone solamente tener mas o menos sana la naturaleza, la capacidad de pensar, querer y sentir; es semejante al hecho de caminar, suponiendo que tenemos la salud suficiente y que aprendimos a hacerlo, lo realizamos con total facilidad, casi sin darnos cuenta todos los aspectos que se combinan: impulsos cerebrales, músculos, articulaciones, equilibrio, etc.

¿Qué ejercicios nos ayudan a mantener vivo el sentido común? El sentido común se nutre de la realidad, todo lo que favorezca un contacto directo con esa realidad que nos rodea nos ayudará.., por supuesto que se trata de una realidad compleja cuando miramos los entramados de nuestros deseos, temores, etc; pero si estamos interiormente “sanos”, es decir, “ordenados”: si nuestra inteligencia “ve” bien, nuestra voluntad es realmente “libre” para querer lo que nos hace bien, y nuestros sentimientos y pasiones están “guiados” por lo anterior, entonces, es relativamente sencillo “caminar” por el camino del sentido común.

Un aspecto que tenemos que tener “a raya” es todo el mundo virtual, un mundo que significa un gran avance en muchos aspectos, sin embargo se puede volver nocivo si no es usado adecuadamente. Uno de los peligros es justamente el desconectarnos con la realidad, tal cosa sucede, por ejemplo,  cuando nos entusiasmamos más frente a un paisaje que vemos en la pantalla que el que podemos contemplar en vivo y en directo;  o cuando le dedicamos más tiempo e interés a las conversaciones que llevamos a través del chat que a las que podemos tener “cara a cara”.

La falta de sentido común sumado a la falta de pedir o aceptar un consejo hace el mismo efecto que el que pierde el olfato: ya no sabe el sabor de lo que ingiere, o si está en buen o mal estado. Por eso, cuando falta el sentido común, las “razones” se vuelven “sofismas”, es decir, razonamientos aparentemente ciertos pero falsos en la realidad; los “sentimientos” y las “pasiones” gobiernan la vida como un ciego guía a otro ciego llevándonos a “tropezar”, cuando no a caer, frente a la “realidad”.

En esta sección de la revista abordaremos temas más bien desde el sentido común, para el cual no hace falta nada más que tener la naturaleza humana; la virtud de la fe - que supone el sentido común- nos ayudará a tener un mejor vuelo, pero la pista de despegue será el sentido común.

P. Héctor Albarracín

 

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