Volver a "de sentido común"

De sentido común: ¿cuánto tiempo nos queda?

El tiempo es una de las mayores riquezas que tenemos, vale más que el dinero o cualquier otro bien material… si nos dieran a elegir entre uno u otro ¿qué elegiríamos?, ¿elegiríamos tener dinero sin tener tiempo para disfrutarlo?. En fin, el tiempo es un bien mayor que el dinero, la fama, y la salud. Aunque sea algo tan grande y necesario, sin embargo, también se acaba…

El tiempo humano abarca las tres grandes formas verbales: pasado, presente y futuro. Las “conjugación” exacta de esas tres formas de tiempo es la clave de una vida plena, de la paz, de la felicidad. Si se vive demasiado anclado en el pasado, la vida se vuelve nostalgia, un peligro de las personas que tienen mucho tiempo vivido. Si se vive demasiado en el futuro, en los sueños y deseos, se puede transformar en una suerte de evasión si se trata de bienes o también una fuente de ansiedad si se trata de males. Si se vive demasiado en el presente, “carpe diem”,  sin gratitud hacia el pasado  ni haciéndose cargo de las consecuencias de los propios actos, se puede vivir en la irresponsabilidad, un defecto muy común entre la gente joven que se siente demasiado segura de sus energías, “gastando” su vida desordenadamente sin pensar que en el mañana se pueden quedar vacíos.

La vida cristiana también abarca esos tres ámbitos, como nos lo recordaba el pasado tiempo de adviento: nuestra fe mira hacia atrás porque Cristo ya ha venido, a la vez que espera su venida gloriosa, pero sin dejar de tener los pies en el presente en el cual Cristo viene a nuestra vida.

La verdadera fe se apoya en este “trípode”: si sacamos el presente y queda solamente el pasado, la fe se convierte en costumbre, rutina; si sacamos el pasado, entonces se transforma en sentimiento vacío, sin certezas reales, algo parecido a un cuento de hadas…; si sacamos el futuro, el más allá, la fe termina siendo como el efecto de la “anestesia” para los males de esta vida, un consuelo tan vacío de esperanza como el consolar a una persona que perdió un ser querido diciéndole que se transformó en una estrella… ¡nosotros esperamos muchísimo más que se una lejana estrella que también muere!.

Por todo lo dicho, humana y cristianamente hablando, es importantísimo vivir el tiempo en su plenitud, aprovechándolo, gastándolo bien, con gratitud hacia lo vivido, esperanza en la vida eterna y poniendo mucho amor en el presente. Al fin y al cabo el tiempo pasa para todos, la diferencia consiste en que hay personas que solamente “duran” y otras que realmente viven…., todos vamos a morir pero no todos viven en realidad. Si hiciésemos un viaje imaginario al más allá, particularmente al purgatorio y al infierno, las almas que allí se encuentran no nos pedirían ni dinero, ni placeres, ni siquiera ver a sus seres queridos (¡sería un momento, nada más!), nos pedirían un poco de tiempo en esta vida, el suficiente para cambiar el destino del boleto que sacaron con su obras… ya que las acciones que realizamos en el tiempo tienen un “eco” en la eternidad…

Nos puede faltar dinero, salud, y tantas cosas más… pero –si estás leyendo este artículo – no te olvides que todavía tienes tiempo para aprovechar: tiempo para pedir perdón… tiempo para hacer el bien… tiempo para amar… pero cómo no sabemos cuánto tiempo nos queda, nos queda solo aprovechar cada minuto con la certeza de que cuando el tiempo se acabe se transforma en eternidad…

 

P. Héctor Albarracín

 

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