Volver a "de sentido común"

De sentido común. Ideología: remedios.

En el número anterior comenzamos a tratar acerca de la ideología, entendida aquí en sentido peyorativo, como el pretender acomodar “la realidad” a nuestras ideas, a nuestros intereses. Mientras que la “fe” nos lleva a respetar, trascender y transformar la realidad; la ideología la violenta, niega o “usa” según otros intereses.

Tomaremos para ilustrar este peligroso mal el pasaje de la Biblia en el cual los fariseos llevan ante Jesús a una mujer adúltera (aconsejamos leer: Juan 8, 1-11). Los fariseos, al igual que los ideólogos, no se mueven por amor a la verdad sino que usan ese hecho del adulterio de la mujer “contra” Jesús. Además, como toda ideología, incita a la violencia (“tirar piedras a la mujer”), aunque no siempre los ideólogos las toman con sus manos sino que le dan “razones” a los que se dejan arrastrar por la ideología para que lo hagan, en este sentido la ideología es como un “tsunami”: comienza sutilmente en la cabeza de los ideólogos y causa los daños “notables” en la costa de los que se dejan arrastrar por ella.

¿Cuál es la actitud de Nuestro Señor frente a esta ideologización?

1) Cierta indiferencia: dice el texto que Jesús se puso a escribir  en el suelo con el dedo, más allá del significado específico de dicho gesto, lo cierto es que –de algún modo- los ignoró, no entro en discusión, ni siquiera en diálogo porque no había en ellos disposición para escuchar. Contra el ideólogo y su ideología no se puede, ni se debe discutir ni argumentar,  sería darle demasiada entidad a la mentira. Entonces ¿sirve de algo defender lo obvio, lo que es de sentido común?. Lo obvio no se defiende frente al ideólogo sino frente al ignorante… como se corre una cortina para que entre la luz del sol pero no se puede hacer nada frente al que tapió la ventana. Sirve, entonces, y es necesario hacerlo frente al que no sabe, al que está confundido y también sirve para que la mentira de la ideología quede de manifiesto y tomemos conciencia de que somos muchos los que pensamos igual, que lo común no es tan común, ni lo normal tan normal. A esta receta hay que agregarle una pizca de humor porque la ideología es como una “caricatura” de la realidad, y las caricaturas dan risa…

2) El amor concreto e integral: “Mujer, yo tampoco te condeno, pero vete y no peques más”. Eso es amor: amar concretamente buscando el bien íntegro del prójimo.  Amar al pecador y odiar el pecado decían los santos, mientras que los ideólogos hacen exactamente al revés: aman y promueven el pecado, y no les interesa el daño que ese pecado le hace al pecador; ¿a cuántos que luchan por el aborto  les interesa realmente las personas concretas que van a abortar?, si les interesara su bien integral sabrían que un hijo pesa más en la conciencia que en los brazos y mientras más tiempo pasa, más pesa… ¡menos mal que Dios es grande y misericordioso!

El amor concreto por el prójimo, buscando realmente su mayor bien, es un remedio adecuado contra cualquier tipo de ideología, en su formas más burdas o en sus formas “piadosas”, con más mentira que verdad o con más verdad que mentira; en este sentido “todos” tenemos que cuidarnos de esa cizaña, ya que en el fondo la ideología es soberbia.

Jesús nos redimió también de la ideología con su sacrificio redentor, porque el sacrificio cuando va de la mano del amor produce humildad… y la humildad nos preserva de toda ideología porque es “andar en verdad”, como decía Santa Teresa.

 

P. Héctor Albarracín

 

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