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De sentido común: Ideología: síntomas, diagnóstico

El concepto de lo que es la ideología es complejo y puede entenderse en distintos sentidos. Aquí nos referimos a su sentido negativo, peyorativo, en cuanto es una prevalencia - en definitiva -  de la voluntad sobre la inteligencia, o de “mi idea” sobre la realidad…; es decir que yo decido, elijo, quiero que las cosas sean de determinado modo y “después” viene la pobre inteligencia con sus razones (verdaderas o no) a justificar mi elección. La ideología, en este sentido, no solo es cuestión de verdades o mentiras sino una actitud cerrada a la realidad. Se puede sostener una verdad (o una verdad a medias) de “modo ideológico”, o se puede sostener una mentira de modo equivocado. La equivocación es ignorancia, la ideología es necedad, soberbia; la equivocación es no ver la realidad, la ideología no querer verla; la equivocación es ser humanos, la ideología pretender ser como dioses (“sereís como dioses”!).

El tema es lo suficientemente complejo como para abordarlo en este medio, simplemente queremos  exponer algunos síntomas que nos revelan que hay una actitud ideológica; de todos modos cada uno “consulte personalmente a su médico” para un diagnóstico adecuado.

1) Desproporción: la ideología tiene su “razones” pero están desproporcionadas con respeto al “universo de las verdades”. Se defienden verdades mientras se condenan otras más o menos importantes.  Se habla, por ejemplo, de que hay que ser “pluralistas”, “abiertos”, y por otro lado se es implacable con los que piensan distinto; se defiende contra todo tipo de manipulación la naturaleza de los animales y se manipula la vida humana, sea en su modo de concepción o en su sexualidad.. etc, etc…

En este sentido también se cargan palabras que son “neutras” (es decir, en sí mismas no implican maldad o bondad) de un contenido ideológico: por ejemplo, están cargadas de sentido ideológico negativo estas palabras: discriminación, represión, estructura, patriarcado, sexo (en sentido de masculino o femenino). ; y de sentido positivo sus opuestas.  Esta desproporción tiene un alto impacto en el pensamiento y en el obrar.

Esta desproporción es distinta de esa “cierta incoherencia” que podemos “padecer” en nuestra vida. No siempre vivimos plenamente lo que pensamos y podemos “borrar con el codo lo que escribimos con la mano”;  eso es mas bien fruto de la debilidad que de la ideología en la medida en que lo reconocemos y ponemos los medios para mejorar. La desproporción fruto de la ideología lleva a la hipocresía, la desproporción fruto de la debilidad lleva a la conversión.

2)  Falta de amor a la verdad: se defienden o atacan verdades según convenga, las mismas razones que se usan contra algo se usan a favor de otra cosa que nos conviene, la verdad es una plato que se “usa a la carta” según lo que se quiere comer.  Puede suceder que se diga o defienda una gran verdad o una persona concreta pero no se haga por amor a ella sino que se la utiliza para sacar una ventaja, eso también es ideología. Una señal infalible de que amamos la verdad es que alguna vez se nos vuelva en contra, que perdamos algo por ella, en este sentido los Mártires son los que demuestran más amor por la Verdad.

3) Violencia: cuando no hay una verdad sustentable no queda otro camino que imponerla por la fuerza; esa violencia se ejerce de distintas maneras, sea descalificando al que piensa distinto, sea por la apabullante repetición de slogans  y “dogmas” prefabricados por los ideólogos, o por el “castigo” a quien ose contradecirlos. El que no está a la “moda” queda “fuera del sistema”. Una prueba de que no es verdad y no es por amor a la verdad está en que justamente los ideólogos tienen que “imponerla” o “sobreactuarla”, cuando – por el contrario – se ama la verdad importa más el estar convencido de ella que el convencer, por eso se enseña con paz.

Cuidemos que esa mala hierba, esa cizaña de la ideología no crezca en nuestro corazón ni en nuestra sociedad, difícilmente podemos “arrancarla” completamente pero al menos aprendamos a discernirla empezando por nosotros mismos. En el próximo número hablaremos de algunos remedios para esta “colonización ideológica” como la ha llamado el Papa Francisco.

P. Héctor Albarracín

 

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