Volver a "de sentido común"

De sentido común: peregrinar hacia la fuente de la misericordia...

 

Por gracia de Dios algunos hemos podido peregrinar a los lugares en donde vivió Jesús. Si verdaderamente lo hemos hecho con espíritu de peregrinos (y no de turistas), eso significa una riqueza para nuestra fe. Nos preguntamos, en orden a los que hemos peregrinado y como testimonio para los que no lo han hecho: ¿qué le agrega a nuestra fe el hecho de peregrinar a esos lugares?

Muchas cosas... no esenciales por supuesto, aunque no por ello menos importantes, porque es una verdadera gracia de Dios.

 

Lo podemos resumir en una sola palabra, una palabra en latín que se encuentra en muchos de los lugares santos: Hic (aquí): Hic Virgine Maria Jesus Christus natus est (“Aquí nació Jesucristo de la Virgen María”, en la Basílica de la Natividad); Verbum caro hic factum est (“Aquí el Verbo se hizo carne”, en la Basílica de la Anunciación); y así sucesivamente en todos los lugares santos podemos decir lo mismo: aquí Jesús murió, aquí Jesús resucitó, aquí Jesús...

 

Este hic expresa muchas dimensiones de nuestra fe:

-  es el modo divino de obrar, un modo que no deja de sorprendernos porque trasciende la lógica humana.

-  es el puente entre el Cielo y la tierra, entre lo eterno y lo temporal, entre lo divino y lo humano.

-  es la fuente de donde mana constantemente el agua de la misericordia y a la cual se accede a través de diversos “canales” esparcidos por el mundo y por el tiempo, especialmente en la Liturgia de la Iglesia.

- es la eternidad que se hace historia y de este modo le da al tiempo la posibilidad de trascender.

- es la omnipotencia que se hace débil y limitada dandole alas a la creatura para que pueda volar por encima de sus posibilidades.

- es la invitación de Dios a la salvación, invitación rechazada por algunos hombres a lo largo de la historia (aún en la actualidad tan dividida de esos lugares); invitación aceptada fielmente por otros tantos: la Santísima Virgen, San José y tantos más entre los cuales deseamos encontrarnos. Testimonios de fidelidad que nos gritan que nuestro éxito, paz y felicidad consiste en ser fieles al plan de Dios sobre nuestras vidas, sin temor a que el mal propio o ajeno nos pueda vencer si realmente confiamos en su gracia.

- Hic expresa también nuestra historia personal concreta, con sus bienes y males, con sus fortalezas y flaquezas; y que tenemos que santificarnos sin evadirnos de ella sino decidiéndonos a transformar lo que podemos y confiar en lo que no podemos.

- Este hic se actualiza, se hace presente en todo tiempo y lugar, a través de otro hic, el que se dice en la consagración del vino en cada Santa Misa: hic est enim Calix sanguinis mei (“este es el cáliz de Mi sangre”), y de ese modo, nos hace presente a la persona que estuvo allí y ahora está aquí... ¡hic!

Para los que hemos podido peregrinar nos ayudó a hacer la fe más concreta, más encariñada con esos lugares y con el que estuvo en esos lugares; en una palabra,  más “encarnada”...

Para los que no lo han hecho, lejos de “envidiarnos”, los invitamos a “peregrinar” a esos lugares a través de los relatos bíblicos, de la meditación y del encuentro con la persona que hizo que esos lugares nos sean tan queridos: Jesús en la Eucaristía y en nuestro prójimo.... ¡para eso no hace falta subirse a un avión!

P. Héctor Albarracín

 

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