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De sentido común: ¿vacaciones? todos los días...

 

Si alguien fuese recorriendo un camino en su auto y tuviese que detenerse cada tanto porque “recalienta” el motor ¿estaría funcionando bien ese auto?, aunque el camino tuviese alguna subida no estaría funcionando bien ese motor,  se supone que el auto va refrigerando “a medida” que avanza. Eso no quita que, cada varios kilómetros, se detenga un rato para que el motor “descanse” y el conductor también.

 

De la misma manera necesitamos “detenernos” cada tanto en lo que llamamos vacaciones. Pero no es bueno llegar a ellas con el motor recalentado o fundido porque no van a ser suficientes  para que “el motor” se recupere.

Por eso necesitamos cada día momentos de “refrigeración”, de descanso, en los cuales nos “desenchufamos” de las preocupaciones cotidianas. Ese “espacio verde” en nuestro día suele rendir más que las vacaciones. Pongamos otro ejemplo: ¿es saludable para una planta, a la cual no le echamos agua por varios días, echarsela toda de golpe? ¡valen más unas gotas “habituales” que gran cantidad “ocasionales”! 

Ese “espacio verde” diario es el “microclima” para poder descansar y “recrearnos” en distintas actividades tales como juegos interpersonales, disfrutar de los amigos, la familia, y también de Dios. Si no logramos ese espacio nos perdemos de disfrutar de otras riquezas que tiene la vida y que solo germinan en ese terreno.

 

¿Por qué no quedan “espacios verdes” en nuestro día? Porque hemos edificado demasiado, a veces llevados por la necesidad, otras porque nos falta “priorizar” lo más importante. Demasiado “consumo” y poco tiempo para “hacer la digestión”, es decir, para disfrutar serenamente de lo que hacemos o tenemos; muchas veces ni bien “comemos, compramos, consumimos” una cosa ya estamos pensando en “otra”; lo que antes era un tiempo libre ahora es un tiempo que se llena con el celular, el televisor o  el mundo virtual, que “desenchufa” un poco pero para “enchufarnos” a un mundo que en realidad no existe, una suerte de evasión, y cuando se tiene que “volver a la realidad” se termina peor. Lo mismo digase del mundo del juego “febril” del casino o de diversiones que necesitan muchas “sustancias”. La combinación es letal: vivir en la vorágine y pretender descansar en la “evasión”.

 

Pero todo esto no es más que el “síntoma”, si vamos a hacer un “diagnostico” un poco más profundo nos podemos encontrar con que no “descansamos” porque “no podemos”, tenemos “desordenada” nuestra vida, nuestros amores y temores, la finalidad de nuestro existir, ¿cómo podemos descansar si ni siquiera sabemos por qué nos cansamos?. En este contexto podemos ubicar la necesidad que tenemos de la oración, de Dios, y no me refiero a ella como una “actividad” más de nuestro día, sino más bien, como un momento en el cual nos “enchufamos” con lo único necesario en medio de tantas “urgencias”, con lo que no pasa cuando todo pase, con “el tronco” que sostiene todo nuestro desgajado ser, con el “aire” que oxigena nuestra sangre con tal de que lo respiremos. No es impune alejarse de Dios o no darle el primer lugar en nuestra vida. Mucho del “cansancio” de nuestro tiempo es por falta de este alimento, ¿cómo podemos descansar en la “rama” si nos desgajamos del “tronco”?. Por el contrario si encontramos a Dios en el silencio de nuestro hogar (me refiero a nuestro interior), o en la Iglesia (me refiero particularmente a la santa Misa o a la Adoración al Santísimo), entonces, encontramos el mejor “remanso” y “oxigeno” para nuestra vida y desde allí vamos por más... por más “condimentos” para nuestras vacaciones...

P. Héctor Albarracín

 

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