el humo del humor

 

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De sentido común: el humo del humor...

 

El humor es como el humo, el humo puede ser tomado en dos sentidos diversos. En primer lugar  el humo puede ser considerado como algo superficial y pasajero, y en este sentido hay un humor que tiene esas dos características, no es que sea algo malo, sino que fácilmente se pierde y  cuando viene alguna dificultad, en su intento de sobrevivir, se puede transformar en burla, en ironía o en chistes groseros.

En segundo lugar, según otro enfoque, el humo -cuando estamos a distancia -es signo de que hay fuego; así hay otro tipo de humor que sirve de signo de algo más profundo y por tanto este humor -aunque más sobrio que el anterior- es más permanente. A este tipo de humor nos vamos a referir.

 

¿En qué consiste?

No nos referimos solo a los chistes o a la risa, el buen humor es más bien una actitud frente a la vida, y puede tomar diversas formas, como el humo se eleva según sea el ambiente que lo rodea; del mismo modo el humor en la fiesta es alegría, en el dolor es paz, en el niño es juego, en el joven es amistad y en el adulto es serenidad. Este humor no envejece con los años ni perece con las penas, y sus diversas formas ayudan a mantenerse “parejo”, más allá de los vaivenes de la vida, como si fuese un sistema de “suspensión neumática”.

 

¿Cuál es el fuego de este humor?

Como todo efecto tiene una causa y esa causa suele ser invisible porque está en el interior de los corazones; religiosamente diríamos que es fruto de la “chispa divina” del amor de Dios que ha encendido los corazones; en este sentido el buen humor es el humo del amor verdadero, el fruto del árbol de la esperanza, es la confianza hecha flor, la fortaleza hecha juego, y la certeza de que pase lo que pase estamos en manos de la providencia de Dios.

 

¿Para qué sirve este humor?

El humor verdadero “no sirve” para corregir, ni para burlarse, tampoco para “evadirse” de los problemas volviéndonos superficiales,  solamente sirve para “compartir” la alegría interior y ayudar a “digerir” los sufrimientos y las dificultades, dándoles sentido y dándonos “señorío” sobre ellos. Esto no quita que luchemos por lo que podemos cambiar, el humor se juega más bien frente a lo que “no podemos”.

 

¿Cómo conseguirlo?

Este humor no se busca directamente, solo se cosecha si se ha sembrado “el fuego” que lo causa; no se demuestra, si antes no se posee; no se vende, mas bien se contagia; tampoco se imita artificialmente su sabor ¡porque un paladar no se inventa!. Hay que buscar el “fuego” que lo causa, lo demás viene por añadidura.

 

¡Cuánta necesidad hay de este humor en medio de tanto “payaso triste”! Podemos hablar realmente de un “apostolado del buen humor”; es por eso que la Madre Teresa le recomendaba a sus religiosas tener siempre una “sonrisa”, no fingida, ni superficial; una sonrisa que sea como el humo del fuego del amor de Dios por la humanidad...

                         

P. Héctor Albarracín

 

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