haciendo leña del arbol caído

 

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De Sentido común: haciendo leña del árbol caído...

 

Ocurrió tiempo atrás que una fuerte tormenta de verano derribó algunos árboles, ¿por qué se habrán caído?. Parece que la respuesta obvia es que la “culpa” la tiene el viento, pero si es así ¿por qué no se cayeron los demás? el viento soplo “para todos”. Mirando mejor se puede observar que los que se cayeron tenían poca raíz o estaban medio secos. Ahí la cosa es muy distinta, porque si bien el viento puede haber sido la “ocasión” de que se cayeran, sin embargo la “causa” era algo más bien interior: su raíz. No decimos que el viento no tuvo nada que ver sino que “destapó” una realidad más profunda, que es la verdadera causa de la caída.

                                                                                                                     

Es algo muy común echarle la culpa a cuestiones ajenas a nosotros mismos, decimos que la “culpa” de que esté enojado es lo que me dijo fulano, sin darnos cuenta de que - en realidad- estamos enojados “porque” somos irascibles y lo que hizo fulano fue solamente “despertarnos el indio”; o cuando no queremos hacer algo le echamos la culpa a la falta de tiempo, cuando en realidad tener tiempo es “saber elegir”. Este es uno de los orígenes de las tan usadas “excusas” con las que beneficiosamente salteamos alguna dificultad sin hacernos cargo, aunque -muchas veces- no convencemos a nadie... solo nos engañamos a nosotros mismos.

 

Pero ¿en qué se parecen los arboles a nosotros? Nos parecemos en que su aspecto visible (tronco, gajos, hojas) es sostenido y alimentado por lo que tienen de “invisible”: su raíz; así también en nosotros lo que “tenemos” o “hacemos” es sustentado por algo invisible: el amor, la fe...el alma,  Dios; si esta raíz se seca... ¡cualquier viento nos voltea!.           

           

¿De qué sirve hacer leña del árbol caído? Si sabemos descubrir las verdaderas causas de nuestros males entonces llegaremos con más facilidad y menor tiempo a curarnos de ellos, y de esta manera a ser más libres, tener más paz y felicidad. Hecho que requiere de nuestra parte mucha sinceridad, lo que cristianamente se llama humildad.

Y esto también se puede aplicar a nivel social o familiar, así por ejemplo, ¿es la marginación, la pobreza o la droga la verdadera causa de la violencia y la inseguridad?¿se separan los matrimonios por problemas económicos o por la “rutina”? ¿llegamos a la “raíz” o le seguimos echando la culpa al viento?. Ciertamente se trata de realidades complejas, pero se pierde tiempo y esfuerzo si solo se trata el “síntoma” “el viento” y no se llega nunca a la “raíz”. Tal vez sea por eso que cada vez se aplican más “remedios” pero el “paciente” no muestra mejorías... Es de sentido común…

 

Es cierto que está soplando mucho viento, el viento del egoísmo, de la avaricia, de la sensualidad, pero también es cierto que si mantenemos vivas y profundas las raíces, no debemos temer... al contrario, agradecer el poder permanecer de pie, confiados en nuestra raíz...

                         

P. Héctor Albarracín

 

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