el simbolismo de la puerta en el año de la misericordia

 

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De sentido común: el simbolismo de la puerta en el año de la misericordia.

 

La Iglesia católica expresa sus verdades y su culto a través de símbolos, estos son tomados de la tradición bíblica o tomados de las tradiciones de los pueblos que ha evangelizado a través de la historia. En este contexto, los símbolos son una especie de “puentes visibles” entre la “ribera divina” y la humana, y poseen un alto valor pedagógico y salvífico, una suerte de prolongación de la ley de la “Encarnación” del Señor.

Uno de estos símbolos, especialmente usados para indicar la apertura de un año jubilar, es el de la apertura de una puerta. Todos somos testigos de la apertura de la puerta santa que el santo Padre realizó el 8 de diciembre indicando así el comienzo del año jubilar de la Misericordia.

 

Demos un paso más: ¿que significa la puerta en este contexto?, ciertamente muchas cosas... según nuestro criterio vamos a indicar dos aspectos que nos pueden ayudar a profundizar un poco más en este misterio cual es la misericordia divina.

 

En primer lugar, la puerta puede significar un límite, una separación; de este modo la puerta supone que hay lugares diferentes, que el espacio no es homogéneo sino heterogéneo, que se puede estar fuera o dentro.

Si aplicamos, de modo semejante, este aspecto a la misericordia, podemos decir que el espacio “moral” por el cual el hombre camina no es homogéneo, es decir, hay cosas buenas y otras malas, a Dios no le da lo mismo que caminemos por unas que por otras. En este sentido, la misericordia de Dios no consiste en derribar dichos muros, ni en una suerte de impunidad frente al mal. Los hijos “caprichosos” quieren que la misericordia de Dios consista en que este “apruebe” sus “malas andanzas”, pero a Dios no le puede dar lo mismo que sus hijos sean buenos o malos porque un padre sabe que el mal nunca hace realmente felices a sus hijos y Dios quiere nuestra felicidad. Además, la prueba de que a Dios no le da lo mismo es el alto precio que se “pagó” por nuestros pecados: la muerte de Cristo. Por lo tanto, si se lleva una mala vida hay que cruzar - con la ayuda de Dios- ese límite para poder salvarse.

 

Unido a este aspecto, en segundo lugar, la puerta significa una posibilidad. No es una pared, un muro inexpugnable, sino algo posible, y eso alienta nuestra esperanza. Dios lo hizo posible con la muerte y resurrección de Cristo. Nunca se dejará de insistir lo suficiente en el hecho de que la conversión del corazón es una verdadera gracia de Dios, y esa gracia es gratis pero no es “regalada” ni “mágica”, es decir que Dios quiere contar “con nosotros”; “el que te creo sin ti no te salvará sin ti” decía hermosamente San Agustín.

Para los que queremos cruzar esta puerta porque estamos arrepentidos de nuestros pecados, sean los que sean, la misericordia de Dios significa la gracia del arrepentimiento y del perdón. Para los que no quieren cruzar esta puerta,  por debilidad o por malicia, la misericordia significa que Dios sale a buscar la oveja perdida y la trae por medio de diversas circunstancias providenciales, especialmente las “cruces” de la vida, y de ese modo, con infinita paciencia la “empuja” a arrepentirse y cruzar. La misericordia no consiste en “saltear” o ignorar la puerta sino en ayudarnos a cruzarla, porque la puerta es la misma misericordia, no hay otro camino.

 

Límite y posibilidad son dos caras de la misma moneda, o -siguiendo con nuestra imagen- de la misma puerta. El limite es la misericordia que nos preserva del pecado (porque nos hace mal!), la posibilidad es la misericordia en cuanto nos lleva al arrepentimiento y al perdón. El límite nos ayuda a no caer, la posibilidad a levantarnos. El límite nos mueve a la acción de gracias por tener salud espiritual, la posibilidad a la acción de gracias por haber sanado de la enfermedad. Ambas realidades van juntas porque todos somos pecadores y en un sentido u otro necesitamos la misericordia de Dios. El que atraviesa esta puerta tiene alegría y paz.

                         

P. Héctor Albarracín

 

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