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De sentido común: ¿De otra época?

 

La “máquina de escribir”, el “tocadiscos”, o algún viejo modelo de computadora son de otra época, algunas costumbres también, tales como el “novio de los domingos”, o las relacionadas con la vida aldeana.
 
Pero ¿las leyes fundamentales del amor, del pensamiento, de la familia, de la comunicación, también?
 
El ser humano ha cambiado su “pilchas” pero no su carne, cambia sus platos pero no su comida (menos su proceso digestivo!), cambia sus “medios” para comunicarse (celulares, etc) pero no el que tener que expresar de alguna manera lo que piensa… en el fondo cambia cosas externas, cambia posturas pero no ha cambiado su anatomía, cambia de tamaño su mano pero no su cantidad de dedos…. En definitiva hay “cosas” que son de otra época pero los valores fundamentales y comunes de las personas no tienen época… porque son necesarios con la época humana.
 
Algunas veces el calificativo “es de otra época” es una etiqueta equívoca que descalifica, “es de otra época”- por ejemplo- le dicen algunos de las “nuevas generaciones” a sus padres cuando éstos les objetan su modo de vivir la vida: “es de otra época” llegar vírgenes al matrimonio, “es de otra época” casarse por Iglesia, “es de otra época” confesarse, “es de otra época” respetar la ley de la naturaleza, las diferencias y complementariedad entre el hombre y la mujer ; ciertamente que no es algo tan común, no está de moda…. pero eso es muy distinto a que “ya no sirva”; ironizando, tampoco es tan común la honestidad, la fidelidad, el amor para siempre…
 
No se trata de aferrarse indiscriminadamente al pasado idealizándolo, pero tampoco de pretender “ser como dioses” y crear un mundo nuevo a nuestro gusto y paladar. La tentación de hoy no es la de vivir del pasado (que es de otra época!), tampoco del futuro (porque hay que esperar!.) sino la de vivir del presente, pero de tal modo que ya no se espere nada más, un presente clausurado a cualquier recuerdo y novedad… y que encuentra en el consumir y en el placer inmediato su seguridad. En este contexto, el “es de otra época”, lo mismo que decir “no seas exagerado” cuando se sacan las consecuencias de ese modo de vivir, no dejan de ser frases evasivas que demuestran la “ingenua” irresponsabilidad de los actos que se realizan; lo paradojal del caso es que los mismos que condenan a los que son “de otra época” serán condenados por las nuevas generaciones con sus mismos argumentos… así funciona el mundo cambiante de la moda.
 
No debemos subirnos (y tratar de que nuestros hijos tampoco!) a ese tren acelerado que tira a la basura modos de vivir que siempre han funcionado, perfectibles por supuesto, sin distinguir cuidadosamente lo que realmente es de otra época y lo que siempre es y será así; ese tren que inventa y experimenta con la naturaleza humana sin saber con certeza las consecuencias en un futuro próximo (¿alguien conoce las consecuencias afectivas y psicológicas que va a traer la manipulación genética, por ejemplo?). Elijamos el tren seguro de la naturaleza, de la fe, de las buenas costumbres, del cual ya sabemos cuáles son sus riesgos y beneficios… aunque para algunos “sean de otra época”.
 
Ah!, ¿y se imaginan si la Iglesia católica se hubiese adaptado a los cambios morales de las distintas épocas?, ahí sí que sería “de otra época”… ya no existiría como tal.

                         

P. Héctor Albarracín

 

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